Regalo peliculas kinkis y cualquier cancion de Rumbas
tengo: el pico,1,2, perros callejeros1,2,3, barcelona sur, chocolate, deprisa, deprisa, navajeros...
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SindicaciónCreo que si escribo un post sobre los 80 y su estética, voy a colapsar google de tantísimos que existen en la blogosfera ahora mismo. Entre la muy llorada muerte de Jacko, las colecciones de Decarnin, las Way-Farer, las camisetas cortadas a tijera y otros ítems que atesoramos las más osadas (o… ¿locas?), creo que se ha dicho casi todo de esa década trufada de dorados, ropa ajustada y laca, mucha laca.
Ha sido viendo la exposición del CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona) QUINQUIS DE LOS 80 que me ha llamado la atención sobre la estética previa a la explosión de brillos y neones de la Movida. Se trata de una retrospectiva sobre el cine que retrató la España más conflictiva entre 1978 y 1985: los delincuentes juveniles o quinquis, encarnados en figuras que se mitificaron más tarde como el Vaquilla o el Torete .
A ritmo de los Chichos, las Grecas y los Chunguitos estos personajes enfundados en vaqueros ajustadísimos, camisas a medio abrir y melenas cardadas, surgieron de los barrios marginales de las grandes ciudades construidos a toda prisa para albergar las oleadas migratorias des del campo: La Mina en Barcelona, San Blas en Madrid y Otxarkoaga en Bilbao.
La memoria colectiva dulcificó aquel recuerdo y quedaron los mitos de estos delincuentes juveniles que llegaron a encarnar el lado más oscuro (las cárceles) de la transición. Para los no residentes en Barcelona, la muestra llegará a la Casa Encendida de Madrid en julio de 2010. Vale la pena visitarla si estáis en la ciudad.
Me llaman la atención los paralelismos estéticos que voy hallando en el panorama actual con aquellos looks algo cañís y que representaban al tipo duro que había que ser para salir adelante en según que ambientes: Cadenas, cuero, cinturas bien altas, vaqueros al ácido, el funesto chandal...
"Colegas" de Eloy de la Iglesia 1980
Entre nosotros... el modelo de Diesel a parte de la ropa... tiene poco de look quinqui... ;)
Para las mujeres la cosa no se suavizaba mucho más: topos, cardados, volúmenes... una estética que salía del romanticismo de los 70 para endurecerse hasta llegar a los extremos de finales de los 80.
"Yo el Vaquilla" de José Antonio de la Loma
Agyness Dean de House of Holland SS 09
¿Alguien se anima con estos looks? Como podéis ver en American Apparel son los reyes en cuanto a propuesta ochentera quinqui se refiere... ¿Una combinación arriesgada anima cualquier tipo de vestuario?
No olvidéis la expo estará en el CCCB en la calle Montalegre 5 de Barcelona hasta el 6 de septiembre
Pósters
de películas y recortes de periódicos que forman parte de la exposición
"Quinquis de los 80. Cine, prensa y calle". Garriga EFE/Toni
EFE
Mery Cuesta, comisaria de la exposición "Quinquis de los 80.
Cine,
prensa y calle", ha explicado que el germen de esa cultura es el cine:
"Consideramos el cine quinqui como un género cinematográfico bautizado
desde el entorno popular, que no ha recibido esa consideración en el
ámbito académico".
Carteles, fotocromos y guías de prensa
demuestran que la producción de películas sobre delincuencia juvenil en
la España de los ochenta fue muy prolífica (unos 30 filmes entre 1978 y
1985) y gozó de una calurosa acogida.
Hoy en día, algunas de
estas películas siguen encabezando el ránking de las más taquilleras
del cine español, con más de un millón de espectadores, recuerda Amanda
Cuesta, también comisaria de la muestra.
En el ecuador de la
exposición, que estará abierta al público hasta el próximo 6 de
septiembre, se muestra el contexto socioeconómico en el que germinó la
cultura quinqui.
Los barrios creados en los años sesenta para
absorber al mayor número de chabolistas en el menor tiempo posible y al
coste más bajo dio lugar a "un urbanismo de pésima calidad", con unos
barrios mal comunicados que carecían de los servicios más básicos, como
alcantarillado, escuelas o ambulatorios.
Según las comisarias,
esa situación, lejos de resolver los problemas sociales derivados de la
inmigración masiva y el desarraigo, no hicieron más que maquillarlos y
trasladarlos a la periferia.
La crisis económica de los setenta
y los elevados índices de paro, especialmente entre los jóvenes,
convirtieron estos barrios en el territorio germinal del quinqui, un
fenómeno analizado en el CCCB a partir de tres casos: el barrio de La
Mina en Barcelona, Otxarkoaga en Bilbao y San Blas en Madrid.
Una serie de máquinas recreativas -marcianitos, ping-ball, comecocos-
con las que los visitantes pueden jugar evoca las nuevas formas de ocio
que, según Amanda Cuesta, "conectan, por primera vez en nuestro país, a
aquella generación de jóvenes de los setenta con la industria de la
cultura juvenil en su contexto internacional y sus formas de consumo
capitalista".
La recreación de ese mundo se completa con la música de grupos como Las Grecas, Los Chichos, Burning o Eskorbuto.
Amanda Cuesta asegura que "no se trata de una exposición sobre los
delincuentes, sino sobre la construcción del mito alrededor de esos
jóvenes delincuentes".
La presencia que los jóvenes
delincuentes tenían en los medios de comunicación y en la prensa
amarilla ("El Caso") es, según las comisarias, "clave para entender la
conversión de esos adolescentes en iconos".
'El Vaquilla' y 'El
Jaro' son las estrellas más brillantes de ese universo, auténticos
héroes de la marginalidad gracias a los biopics cinematográficos:
"Navajeros", la saga "Perros callejeros" y "Yo, El Vaquilla".
Un mito que todavía sigue vivo, sobre todo en Internet, en el cine
documental y "a través de la gran influencia que este cine ha ejercido
y ejerce en la producción cinematográfica latinoamericana actual".
Para José Guirao, director de la Casa Encendida de Madrid, donde se
exhibirá la exposición posteriormente, "en pocas ocasiones lo
periférico y lo marginal han tenido tanta presencia en la cultura
española".
Se conoce popularmente en España como cine quinqui al género cinematográfico que narra las vivencias y aventuras de conocidos delincuentes (habitualmente jóvenes) que han alcanzado la fama gracias a delitos cometidos. Este género se hizo muy popular en España a finales de los años setenta y a principios de los ochenta debido a la gran inseguridad ciudadana que vivía el país en aquella época. Fue además en la década de los ochenta donde alcanzó su máximo esplendor, rodándose multitud de películas e incluso sagas legendarias.
Es muy frecuente que en las películas de cine quinqui un delincuente habitual se convierta en actor y que se interprete a sí mismo o a otro delincuente (al cual conoce o ha conocido) dándole así un mayor realismo a la cinta y consiguiendo una fiel representación de la realidad.
Muchas de estas películas suelen ser biográficas y se centran en narrar la vida de un determinado delincuente así como: su entorno, sus fechorías, la situación de exclusión social sufrida, torturas sufridas en comisaría, etc.
Uno de los temas más recurridos en el cine quinqui es el mundo de la droga y lo que lo rodea. Tal es así que no es extraño ver en estas películas a toxicómanos preparando la dosis de "caballo" (heroína), "chutándosela" (inyectándosela), "colocados" (drogados) o con "el mono" (síndrome de abstinencia).
Otro tema habitual es el robo de coches (roban por ejemplo muchos Seat 124, 131 o 1430) y las posteriores persecuciones que transcurren por carreteras secundarias o grandes ciudades entre los quinquis y la "madera" (Policía Nacional).
En algunas de estas películas se muestra al protagonista en situaciones en las que delinque con el objetivo de ayudar económicamente a su familia.
No es extraño ver tampoco escenas eróticas e incluso ver a los protagonistas practicando el sexo o mostrando su cara más romántica.
Tambien existe una gran critica social, y ataque directo a muchos estamentos sociales a los cuales se acusa de corrupcion o desigualdad: politicos, fuerzas de seguridad, clases adineradas, consumismo, etc.
El argot utilizado en todas las películas suele ser el habitual de barrios humildes, de ambientes delictivos y también se utilizan algunas palabras originales del caló.
Dentro del cine quinqui hubo muchos y muy buenos directores pero por encima de todos y debido al número de películas que rodaron para este género debemos destacar a José Antonio de la Loma (considerado el padre del cine quinqui) y a Eloy de la Iglesia.
Se conoce popularmente en España como cine quinqui al género cinematográfico que narra las vivencias y aventuras de conocidos delincuentes (habitualmente jóvenes) que han alcanzado la fama gracias a delitos cometidos. Este género se hizo muy popular en España a finales de los años setenta y a principios de los ochenta debido a la gran inseguridad ciudadana que vivía el país en aquella época. Fue además en la década de los ochenta donde alcanzó su máximo esplendor, rodándose multitud de películas e incluso sagas legendarias.
Es muy frecuente que en las películas de cine quinqui un delincuente habitual se convierta en actor y que se interprete a sí mismo o a otro delincuente (al cual conoce o ha conocido) dándole así un mayor realismo a la cinta y consiguiendo una fiel representación de la realidad.
Muchas de estas películas suelen ser biográficas y se centran en narrar la vida de un determinado delincuente así como: su entorno, sus fechorías, la situación de exclusión social sufrida, torturas sufridas en comisaría, etc.
Uno de los temas más recurridos en el cine quinqui es el mundo de la droga y lo que lo rodea. Tal es así que no es extraño ver en estas películas a toxicómanos preparando la dosis de "caballo" (heroína), "chutándosela" (inyectándosela), "colocados" (drogados) o con "el mono" (síndrome de abstinencia).
Otro tema habitual es el robo de coches (roban por ejemplo muchos Seat 124, 131 o 1430) y las posteriores persecuciones que transcurren por carreteras secundarias o grandes ciudades entre los quinquis y la "madera" (Policía Nacional).
En algunas de estas películas se muestra al protagonista en situaciones en las que delinque con el objetivo de ayudar económicamente a su familia.
No es extraño ver tampoco escenas eróticas e incluso ver a los protagonistas practicando el sexo o mostrando su cara más romántica.
Tambien existe una gran critica social, y ataque directo a muchos estamentos sociales a los cuales se acusa de corrupcion o desigualdad: politicos, fuerzas de seguridad, clases adineradas, consumismo, etc.
El argot utilizado en todas las películas suele ser el habitual de barrios humildes, de ambientes delictivos y también se utilizan algunas palabras originales del caló.
Dentro del cine quinqui hubo muchos y muy buenos directores pero por encima de todos y debido al número de películas que rodaron para este género debemos destacar a José Antonio de la Loma (considerado el padre del cine quinqui) y a Eloy de la Iglesia.
| ARGOT QUINQUI | EXPRESIÓN USUAL |
| Buga / Carro | Coche |
| Bujarrón | Gay |
| Caballo / Jaco / Potro / burro | Heroína |
| Cacharra / Fusca | Pistola |
| Camello | Vendedor de droga |
| Canuto/Chiri | Porro |
| Chutarse / Meterse un buco / Meterse un pico / ponerse | Inyectarse droga |
| Guita | Dinero |
| Jopo / bul / bullate | Culo |
| Madero/ Bofia | Agente de la Policía Nacional |
| Mojá | Navajazo |
| Payo/jambo | Hombre de raza no gitana |
| Picoleto / chute / pico / pestañe | Agente de la Guardia Civil |
| Pijo | Pene |
| Pillar | Comprar droga |
| Talego / caldero / trullo / trena | Cárcel |
| Peluco | Reloj |
| Saco | 1000 pesetas (6€) |
| Chota / Pirulí | Chivato |
| Pira | Fuga |
| Plata | Papel de aluminio |
| Chino | Base hecha con heroína |
| Base | Base de cocaína con amoníaco |
| Dar el palo | Atracar / robar |
| Estirar | Robar bolsos por tirón |
| Sirla / Valdeo | Navaja / Estilete |
| Media puta | Preso violado |
| Najarse | Irse, huir |
| Dar el agua | Vigilar por si viene la policía |
| Jununales | Inspectores |
| Los monos | Policía en moto |
| Zero / Kilo | Coche de policía camuflado |
| Zeta | Patrulla de la Policía Nacional |
| Grillera | Furgoneta para el traslado de presos |
| Chuta / Máquina | Jeringuilla |
| Zurraspearse | Acojonarse |
| Espada | Ganzúa |
El cártel de “advertencia” que precedía a las películas sobre quinquis que proliferaron en los años 80 en España. Una exposición en el CCCB reflexiona ahora sobre ese cine de la marginalidad y el extrarradio.
Macarras de indudable silueta “yonki” dando tirones a los bolsos de marujas. Pandillas de extrarradio reunidas frente a unos recreativos. Seat 131 abandonados en solares. Hace apenas veinte años hubo una ciudad distinta, una Barcelona que no era la mejor tienda del mundo. Esa Barcelona gris, de chabolismo y bloque de pisos (“infraviviendas” en eufemismo de urbanista posolímpico), con banda sonora de cassette y rumba con sintetizador chusquero, tuvo por hijos a unos ladronzuelos de medio pelo, quinquis inmortalizados en el cine y las crónicas (rosa y negra) de la prensa de entonces. Sólo dos comisarias atípicas como Mery Cuesta y Amanda Cuesta, sin más parentesco que su afición por las propuestas artísticas provocadoras, podían desenterrar ese cine y esos personajes y hacerlos objeto de una gran exposición que disecciona la estética de los delincuentes juveniles y la cultura que emergió a su alrededor. Es la propuesta de “Quinquis de los ochenta: cine, prensa y calle” que se inaugura el próximo mes de mayo en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.
“La idea nace hace cuatro años, hablando con Amanda sobre la
fascinación que provoca la figura del quinqui, ese tipo de pantalón
apretando y chandal. Es un estilo muy castizo, que sólo se da en
nuestro país durante un determinado espacio de tiempo”, nos cuenta Mery
Cuesta en la cafetería del impoluto centro cultural, “conocíamos las
películas que se habían realizado en torno a los quinquis y pusimos en
marcha la exposición”. Todo parte de poco más de una veintena de
películas que durante los ochenta narraron “casi a tiempo real”, en
palabras de la comisaria, la vida de estos chorizos. Todo ello con
ritmo acelerado, factura algo cutre y jerga carcelaria que popularizó
expresiones como “talego”, “caballo” o “buco” más allá de las fronteras
de lo marginal. “Estas películas son un síntoma social, intentan
retratar lo que sucede en las calles en ese mismo momento: la
delincuencia, la violencia, la droga. Es un cine muy explícito y
transgresor en el tratamiento de temas como el consumo de drogas o las
relaciones sexuales. En cierta manera se quiere mostrar como se sentía
la ciudadanía en aquella época”.
De las 22 películas que conforman el canon del cine quinqui, las
comisarias señalan dos directores como autores fundamentales del
género, con visiones que, desde Madrid y Barcelona, no podían ser más
opuestas. “Eloy de la Iglesia y José Antonio de la Loma son los dos
directores más importantes. El primero habla desde dentro, como
toxicómano y homosexual que alternaba con este tipo de personas y
quiere saber qué sucede y, en cierta manera, documentarlo”. Al otro
lado del arco ideológico está de la Loma. “Discípulo de Ignacio F.
Iquino” (prolífico realizador español asociado al régimen franquista
que, en los años 70 rodó algunas truculentas películas propagandistas
como “Aborto criminal” o “Los violadores al amanecer”), “tiene un
enfoque más paternalista. Adopta un tono de explotaition, donde la
vocación de denuncia es en realidad una excusa para mostrar sexo y
depravación”
Títulos como “Navajeros”, “Perros callejeros” o “Colegas”, presentes
en la muestra a través de proyecciones y documentación gráfica original
(fotocromos, pósters, etc), tienen idéntico escenario: “El barrio
periférico, que es el origen de toda esta situación. En la época se
demolieron asentamientos enteros de chabolas y se realojó a la
población en la periferia, en bloques de pisos que acabaron por
configurar una especie de “chabolismo vertical” ya que la situación
social de los habitantes no mejora”. La periferia se convierte en caldo
de cultivo para el surgimiento de estos quinquis que el cine
inmortalizaría y convertiría en figuras públicas de la España de la
transición.
La exposición, que pese a partir del cine se ramifica en diferentes
aspectos sociales ligados al mundo quinqui, dedica un espacio a “tres
casos de estudio de barriadas” nacidas en el extrarradio de Barcelona,
Madrid y Bilbao. La degradación de barrios como la Mina, San Blas y
Otxarkoaga , respectivamente, podrá verse en grandes fotografías que
comparan la situación actual a la vez que imágenes de la época y
reproducciones de los planos urbanístico muestran el trasfondo político
de estas operaciones. “Son unas planificaciones urbanísticas
completamente deshumanizadas. Y se reubica a la población en unas
condiciones penosas, a veces sin los servicios básicos. Muchos jóvenes
nacen allí y, con el desempleo y la entrada de las drogas no tienen más
dedicación que la de holgar”, explica Cuesta.
Nuevas formas de ocio nacen ligadas a estos espacios. La pandilla y los recreativos, son las compañías y espacios que habitan estos quinquis. El corazón de la exposición será una reproducción de este nuevo lugar de encuentro, donde además de juegos de la época (futbolines, pinballs, arcade, etc.) a disposición del visitante, habrá cuatro peep shows con fragmentos de películas en torno a las preocupaciones de los quinquis, donde la droga gana terreno a otros pasatiempos más inocentes. “La heroína tiene un papel fundamental en todo este fenómeno. Aparece como forma de evasión básica en un momento de gran inocencia, no se conocían las consecuencias del consumo. Empieza como forma de escape para acabar siendo el motor de la delincuencia. Esto puede verse en las estadísticas de los robos a farmacias que empiezan a ascender en 1983 y que tienen relación directa con el consumo de drogas”, explica la comisaria.
Otro de los aspectos que se trata en , casi un descubrimiento casual
a lo largo del proceso de investigación, es la evolución de la prensa
durante esa época. “El quinqui va pasando de la crónica de sucesos a la
prensa del corazón. De “El Caso” en los primeros años a varias series
por entregas en “Pronto” en 1985, donde siguen las vivencias de, por
ejemplo, el Vaquilla en una especie de folletín tipo “así se hicieron
delincuentes”. La vida del quinqui, con una narrativa mitológica que
caída, detención y, en algunos casos, redención (en otros, muerte
truculenta, para morbo y aleccionamiento moral del público), se hace un
icono mediático cuyo seguimiento continúa en la actualidad a través de
foros y páginas en Internet. “Los medios acogieron esta mitología como
auténticos buitres”, dispara Cuesta. “El caso de Sonia Martínez, la
presentadora de Dabadabadá y protagonista de “Perras Callejeras” es un
caso paradigmático a la que hemos dedicado un espacio destacado en la
exposición”.
Todas estas escenas, la intervención de Sonia Martínez en el concurso
“3×4”, la detención “en directo” del Vaquilla, la fantasmagórica
silueta de los heroinómanos tiene algo de ruido de fondo (u objeto de
fascinación o miedo, según los casos) de nuestra infancia. Y es que
Mery Cuesta no niega una evidente “óptica generacional” en “Quinquis de
los ochenta”. “Está dirigida a un público de entre 24 y 40 años. Quizá
fuera de estas edades, los visitantes se cuestionarán si este cine
merece realmente una exposición”, tal y como le sucedió a las
comisarias cuando solicitaron copias de las películas a la filmoteca.
“Pero intentaremos que sea muy didáctica y que sirva para entender una
determinada época de nuestro país”. Un tiempo con menos brillo y disseny que, pese a los cambios, no es ni mucho menos tan lejano.

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29/01/2010 @ 01:05:26
por victor el fiti
hola soi mui fan de las ...
29/01/2010 @ 01:00:16
por victor el fiti
tanbien tengo muchas peliculas kinkis por ...
28/01/2010 @ 05:19:23
por martin gomez
tanbien busco la cancion de la ...
28/01/2010 @ 05:05:48
por martin gomez
hola alguien me podria ayudar en ...
28/01/2010 @ 04:54:04
por martin gomez