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    Más información sobre Toreteyvaquilla

    07 En 2012 
    Angel Fernandez Franco


    Admin · 3159 vistas · 0 comentarios
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    07 En 2012 
    Desde 1946 hasta nuestros días, 2000 números de FOTOGRAMAS después, en todos estos años y todas esas páginas no han dejado de vivirse buenos y malos momentos. Seleccionar entre todos esas instantáneas no ha sido tarea fácil, seguro que muchas se han queda


    Admin · 2730 vistas · 0 comentarios
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    07 En 2012 


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    07 En 2012 


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    07 En 2012 


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    07 En 2012 
    Marginales y cabreados. Violentos y despiadados. Esclavos de una organización o llaneros solitarios. El estreno de ‘Dinero fácil’ nos recuerda que en los bajos fondos de cualquier ciudad la delincuencia está a la orden del día.
    por Gerard A. Cassadó


    Admin · 648 vistas · 0 comentarios
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    07 En 2012 

    Una exposición en el CCCB explora por fin la era quinqui como fenómeno social y pop


    Es un episodio maldito de la historia de España que tuvo al Vaquilla como símbolo




    La delincuencia juvenil de los años 70 y 80 fue explotada a conciencia por la prensa sensacionalista y el cine popular, que convirtieron a sus protagonistas en leyendas urbanas. Asimismo, mereció la comprensión paternalista de una progresía con mala conciencia. Pero apenas fue estudiada como fenómeno social y, a partir de cierto momento, también pop. Y en cuanto pasó el episodio fue enterrado en las profundidades de la memoria colectiva como si fuera un bochornoso secreto de familia. La muestra Quinquis de los 80, organizada por el CCCB y comisariada por Amanda Cuesta y Mery Cuesta, ofrece a partir del martes un análisis global de esos días de polígonos, heroína y escopetas recortadas.



    Ángel Fernández, 'el Torete', sostiene un retrato de 'el Vaquilla'.



     



    El Lute, símbolo de la delincuencia de los 60. El Vaquilla, símbolo de la delincuencia de los 70 y 80. El primero inició su carrera delictiva como ladrón de gallinas. El segundo, como ladrón de coches. Mundo rural y mundo urbano. Pero no era un mundo urbano cualquiera el que parió al Vaquilla (Juan José Moreno Cuenca), el Jaro (José Joaquín Sánchez Frutos), su lugarteniente el Guille (Guillermo Segura Martín) y la tira de quinquis cuyos alias (el Fittipaldi, el Pepsicolo, el Carica... ) causaban temblores allí donde sonaban.



    El área metropolitana de Barcelona recibió casi 1.200.000 inmigrantes del resto de España entre 1950 y 1970. En los 60, el Ministerio de Vivienda empezó a construir polígonos en las grandes ciudades. Para realojar a chabolistas y para absorber a nuevos inmigrantes.



    GUETOS



    En Barcelona y su cinturón se levantaron la Pau, el Besòs, la Mina, Sant Cosme, el Polígono Canyelles. Concentración y aislamiento de la pobreza. Guetos. "Primero se hacían los edificios y años después servicios como las escuelas", dice el psicólogo y educador Jaume Funes, que en los 70 ejercía en Cornellà.



    Se juntaron además dos crisis, según Carles Feixa, antropólogo especializado en culturas juveniles.



    Una, económica. En 1975, España superó los 300.000 parados, cifra que creció año tras año hasta rozar los tres millones en 1987. Y otra, política, al pasar de la dictadura a la democracia. "Hubo desajustes tanto en las fuerzas represivas como en el uso de la libertad", dice Feixa. Muchos miembros de asociaciones de vecinos y juventudes políticas que trabajaban a pie de calle ingresaron en partidos para las generales de 1977. Vacío de poder y de referentes.



    Resume Funes su experiencia en Cornellà: "Uno de cada tres chavales estaba en peligro de ser delincuente. Y no solo chicos de origen marginal, sino también hijos de obreros".



    Un amigo íntimo de Ángel Fernández Franco, el Trompeta, rebautizado el Torete en Perros callejeros,dice que en la Mina tenía la sensación de vivir en un "planeta olvidado". Barcelona quedaba muy lejos. "Se puso de moda robar coches --sigue--. Como diversión. Cuando llegaba un coche robado al barrio era un espectáculo. Íbamos todos a verlo hacer el loco". El buga se convirtió después en herramienta de trabajo.



    EL FETICHE



    "El coche fue el fetiche de la nueva delincuencia --analiza Funes--. Porque era el objeto de consumo mítico del momento y porque suministraba adrenalina, era una salida a una situación de abulia vital".



    Para, Feixa esa delincuencia juvenil de tinte nihilista nació de la misma sensación de no future que el punk. "Inconscientemente era una forma de protesta", dice. El colega del Torete recuerda que hacia 1977 empezó a ver a jóvenes de la Mina a vomitar en la calle: "No sabía qué les pasaba". Había llegado la heroína.



    El caballo tuvo en España lo que los expertos en toxicomanías llaman un ciclo de consumo corto e intenso. Llegó, mató y remitió. En 1991 la epidemia de la heroína alcanzó el pico de mortalidad con 1.700 víctimas por sobredosis. El sida, que tenía en las jeringuillas compartidas su principal vía de contagio, se cobró 4.300 vidas en 1995. Fue en los 80 cuando los primeros muertos se engancharon y los segundos se infectaron.



    PÁNICO



    "La heroína nos pilló en bragas --dice el comisario Juan Martínez, entonces agente del Grupo de Atracos de la Brigada Criminal--. Los atracos de todo tipo se multiplicaron y endurecieron. Teníamos pánico a las recortadas. Hacían un abanico de fuego tremendo. Años violentos".



    También en las cárceles, donde menudeaban motines y fugas. "Los comunes se sentían agraviados por no haberse beneficiado de las dos amnistías dadas a los políticos en la transición --dice Agustí Curto, jurista de prisiones--. Las condiciones en la Modelo, con una superpoblación brutal, eran desastrosas. Las drogas completaron el cóctel molotov".



    ¿Dónde están esos quinquis? Todos los célebres, muertos. Y casi todos los anónimos también.





    Admin · 924 vistas · 0 comentarios
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    07 En 2012 


    Ampliar fotoUna de las películas míticas del quinquismo: 'El torete'. (Imagen: ARCHIVO)

    * Al contrario que los dinosaurios, los quinquis no se extinguieron: algunos sobrevivieron, transformándose para seguir en la brecha. 
    * Una exposición recuerda el cine, la música y la estética que marcaron los setenta y ochenta. 

    Películas guapas, guapas | Colegas que se fueron | Quinquidiccionario 

    RAFA VIDIELLA. 11.07.2010 - 19.26 h Éramos nosotros pequeños, chinorris nos llamaban ellos, pero algo sí teníamos medio claro: ellos, los quinquis, eran los amos del mundo, un mundo que se limitaba a las fronteras del barrio.

    Eran los primeros ochenta y ellos, los quinquis, eran payos como nosotros, pero vivían como los gitanos, con lo que eso suponía (o uno imaginaba que suponía): que robaban, que no tenían casa, que manejaban sus leyes y que hasta tenían una lengua propia, individual, excluyente. Ah, y que eran libres: también eso era importante.

    Lo de quinqui venía de quinquillero o, mejor dicho, de quincallero: payos que vendían quincalla (metal barato) y sobrevivían con chapuzas. Los quinquis de los que hablamos, años setenta y ochenta, no entendían tanto de metales como de trapicheos y drogas, coches, delitos menores y, si se terciaba, algún que otro delito mayor.

    Tenían gracia, aunque de lejos: cruzártelos era perder el reloj, la bicicleta, las pelas. La mitificación vino, claro, después, cuando lo que quedó fueron rumbas de Los Chichos y Los Chunguitos, hagiográficos tebeos ensalzando sus andanzas y películas: sobre todo, películas.

    Cine de barrio

    Y es que se critica al cine español pero, al menos, supo reflejar lo que pasaba en la calle. Los periódicos, es cierto, hicieron saltar la liebre: difunto Franco y su régimen, una sociedad en transición se aterrorizaba cuando El Caso, el ABC o El País, que ya existía, retrataban las andanzas de "Al Capones españoles".

    ¿Al Capones españoles? El Vaquilla, el Torete, el Jaro, el Gasolino... Chavales de barrio periférico que, arrinconados por una vida difícil, un trabajo esquivo y un total distanciamiento hacia los valores y sueños de sus mayores, encontraron escondrijo en drogas, colegas y prisas.

    Deprisa, deprisa rodaba el hasta entonces intelectualoide ****** Saura, que triunfaría en Berlín con estos perdedores ibéricos. El pico la dirigía Eloy de la Iglesia, comunista, yonqui confeso, que mezclaba heroína y conflicto vasco en una obra hoy considerada maestra.

    Perros callejeros la estrenaba José Antonio de la Loma, en las antípodas de los anteriores: un tipo conservador que, tras dar clases en el barrio chino de Barcelona, inmortalizó con su cámara las hazañas de Toretes y Vaquillas.

    Una casa en llamas

    Hoy, treinta años después, casi todo es diferente. "Vamos a dejar España que no la va a conocer ni la madre que la parió", dijo Alfonso Guerra, y resultó ser verdad. Campeones del mundo de fútbol, ejemplos democráticos para algunos y, capaces, quién lo iba a decir, de mirar con humor al pasado.

    Mucho de eso tiene Quinquis de los 80, la exposición que desde el viernes pasado ofrece la madrileña La Casa Encendida. Un paseo por la marginalidad cañí que, tras visitar Barcelona, llena ahora la capital de máquinas recreativas, casetes de gasolinera y fragmentos de un cine que no sólo cuajó aquí, sino que fue hasta exportado.

    En realidad, nada nuevo: la poética de los desheredados, el cariño en la distancia hacia lo que, en la proximidad, asquea. Interesados, acudan a la Ronda de Valencia, 2, de Madrid: no muy lejos, en los aledaños de Lavapiés, en los yonquis que esperan kunderos en la plaza de Embajadores, siguen vagando sombríos, cenicientos y perdidos, los despreciados neoquinquis de ahora.

    Películas guapas, guapas


    'Perros callejeros' (1977) Barcelona vive aterrorizada por el Torete y sus colegas. Poética, marginal, imprescindible. 
    'Deprisa, deprisa' (1981) Pareja periférica se enamora, roba y, cómo no, vive un final infeliz. Casi un musical: un gran clásico. 
    'El pico' (1983) Tras Navajeros y Colegas, De la Iglesia se atreve con dos yonquis bilbaínos: para colmo, uno es hijo de un guardia civil. 
    Colegas que se fueron


    El Pirri (1965-1988) l Este chaval rubio fue una de las más inolvidables caras del cine quinqui. Murió de sobredosis. 
    José Luis Manzano (1964-1992) Amigo de el Pirri, murió en idénticas circunstancias. Hasta EE UU le ofreció trabajo. 
    Antonio Flores (1961-1995) Todo talento y fragilidad: gran músico y, además, gran actor en Colegas (1982). 
    Ángel F. Franco (1960-1991) Aunque era el Torete, en la gran pantalla encarnó a el Vaquilla. Murió de sida. 
    José A. Valdelomar (1957-1992) Como en Deprisa, deprisa, atracó bancos. Tras la cárcel, murió por la heroína. 
    Quinquidiccionario

    Achantar: Arrugarse, acobardarse... Término tan extendido que hasta está aceptado por la RAE. 
    Arpón (o banderilla): Forma de nombrar una jeringuilla. En los parques españoles, en los setenta y ochenta, abundaban más los arpones que en un caladero cantábrico. 
    Cacharra (o fusca): Hoy se emplea más el término pipa: todas sirven como sinónimo de pistola. 
    Guripa: En caló, un guardia civil es un kuripen. De ahí viene esta palabra, que podía sustituirse por picoleto, lagarto, aceituno... 
    Macarrón: Vena en la expresión "castigarse el macarrón". Dicho finamente: inyectarse heroína (o caballo, o jaco...) por vía intravenosa. Dicho de otro modo, meterse un pico o un buco... 
    Papiro: Billete. Enrollado y con una "raya de perico" (cocaína) delante, un turulo. 
    Secadero: Los adictos a la heroína no eran enviados a un centro de rehabilitación, sino a un secadero. Por desgracia, no funcionaba muchas veces. 


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    07 En 2012 

    Yo El Vaquilla (1985)

     

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    07 En 2012 
    Aquí os paso el primer capítulo de la serie de 4 partes que la revista "Pronto" publicó en 1985, basada en "Yo, el vaquilla". A medida que las escanee y las cuelgue, iré pasando las demás. 

    Primera parte. (Pronto nº 689 del 22-7-1985) 


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    Torete y Vaquilla Siempre en nuestro corazón