El JARO UN DELINCUENTE SIN CORAZON

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El Jaro se llamaba Jose manuel ...

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por Rodriguez


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El Jaro

23 Dic 2007 

El Jaro", entre la delicuencia juvenil y la psicopatía


El pasado día 9 de febrero una patrulla de barrio detuvo en la calle Joaquín Lorenzo, de Peña Grande, a un muchacho de quince años, detenido con anterioridad otras veinticuatro veces y que en los últimos meses se había convertido en asiduo visitante de las páginas de sucesos de todos los periódicos de la ciudad: El Jaro. La historia de J. J. S. F. (sólo se dan sus iniciales por ser menor de edad) se hace especialmente intensa en el último año, cuando su trayectoria delictiva cobra caracteres de adulto. El Jaro capitanea con autoridad absoluta una banda de personas mayores que él en edad y experiencia. Sus actuaciones, casi diarias en los últimos tiempos, son un torbellino de tirones, robos de coches, asaltos a garajes y otros delitos contra la propiedad. Pedro Montoliú ha intentado reconstruir parte de su historia reciente a través de conversaciones con personas que conocieron de cerca al Jarotrastos, como solía llamarle su madre. Para ello, se ha entrevistado con su hermana, María del Pilar, con el director del reformatorio madrileño y con el jefe de la Primera Brigada Regional de Investigación, que consiguió su última detención.
Pedro Montoliú
EL PAÍS - Madrid - 29-03-1978
El Jaro nació en Villatobas (Toledo) el 3 de noviembre de 1962, en una familia en la que ya había cuatro niños, el mayor de once años. «Se puede decir que fue nuestra mejor época -dice su hermana, María del Pilar, cuatro años mayor que El Jaro-, aunque nuestra niñez siempre ha sido mala. Lo único que recuerdo es que nuestro padre, en unión de mis dos hermanos mayores, Jesús y Joaquín, trabajaba en el campo y todos vivíamos en casa de la abuela. A mi madre le gustaba beber y se iba, dejándonos a Donato, mi otro hermano mayor, al Jaro y a mí encerrados en una habitación con una barra de pan y tres onzas de chocolate para que comiéramos todo el día. »Según cuenta la hermana, los primeros delitos los cometieron entonces. «Con nuestros cinco y seis años, y como teníamos tanta hambre, saltábamos la cerradura con una cuchara, escapábamos y pedíamos que nos diesen de comer en la escuela. Si no había nada, rompíamos una ventana de la despensa y nos bebíamos toda la leche que encontrábamos. »

La relativa tranquilidad, sólo rota por algunas peleas entre el padre y la madre de los cinco niños, que tendrían aún una hermana, Carmina, y por algunos golpes -«nos trataban a banquetazos, e incluso una vez que acunaba a una muñeca, mi madre me empujó contra el fuego y me quemé en el muslo»-, sufrió un cambio cuando la madre, en una ocasión en que estaba bebida, provocó un gran escándalo y fue detenida y trasladada a Ocaña, a un centro de alcohólicos.

«Cuando salió de allí, mi padre nos cogió a todos y en el autocar nos trajo a Madrid con lo puesto. Como no teníamos piso, ocupamos una casa abandonada en la calle de Ofelia Nieto; después pasamos a otra en la carretera de Barajas, de la que nos echaron cuando fueron a edificar un hotel.»

Entretanto, el medio de vida de la familia, abandonada por el padre, era la mendicidad. «Ibamos con mi madre los más pequeños, algunas veces desnudos, porque a ella le daban ataques y nos tiraba de repente la ropa a un pozo. Con lo que sacábamos ella hacía una cazuela de patatas, por ejemplo, y se la comía con dos litros de vino, mientras nosotros mirábamos. Ella nos decía que trabajáramos y nos echaba. Por eso, cuando tuvimos que irnos de allí, cada uno tiró por un lado. »

Su madre le llamaba Jarotrastos


«De pequeño era muy rubio y de piel muy blanca; fue por eso por lo que mi madre comenzó a llamarle Jarotrastos o Jaro, y con ese nombre le hemos llamado siempre. Cuando nos separamos El Jaro tenía ocho años y no sé dónde fue, ni qué ha hecho todo este tiempo; hace un año apareció con la cara sangrando por un accidente de moto. Durmió aquí cuatro noches, hasta que vino la policía del barrio del Pilar a por él.»

El tío Ernesto, asistente a la conversación, interviene. Es un hombre de 44 años que no quiere dar sus apellidos y que tampoco es auténtico tío de María del Pilar. Conoció a la familia cuando vivía en Barajas; desde entonces se ha ocupado de alguno de los hermanos de El Jaro. Se llevó a Donato a trabajar en una obra en Algete, acogió en su casa a Joaquín cuando éste estuvo trabajando de peón de albañil en Madrid y desde hace unos años es el tío de María del Pilar, que ahora acaba de encontrar trabajo y que vive con él en una vivienda baja compuesta por dos pequeñas habitaciones y situada en el barrio de Valdeacederas.

«Ahora no nos vemos, ni sé por dónde están. No sé si los mayores están detenidos, como otras veces, o si ahora trabajan. Tampoco sé dónde está El Jaro, que es para mí el único que se ha preocupado de lo que yo hacía y de cómo me encontraba. De la más pequeña, Carmina, que quedó abandonada cuando a mi madre la hospitalizaron por una temporada, en el hospital psiquiátrico Alonso Vega, sólo tenemos noticias de que una amiga de mi madre la recogió y la llevaba para pedir. Entonces, una familia que me acogió a mí y a mi tío, buscaron a la mujer e internaron a Carmina en un colegio para niños abandonados por los presos. »

«Creo que, hace tres años, un matrimonio quería adoptarla o algo así, pero que aún no podían porque estaba en tratamiento por los nervios, como todos los hermanos.»

El 16 de marzo de 1974 un niño, que luego sería visto unas quince veces más, ingresa en el reformatorio del Sagrado Corazón, en la calle Padre Amigo, 3, en Carabanchel. Le enviaba el negociado de protección del Tribunal Tutelar de Menores, que se encargaría una Y otra vez de ver si el centro de régimen abierto podía hacer algo por El Jaro. « Le mandaba el negociado de protección y no el de reeducación porque distinguimos lo que es la raíz de lo que son las rarnas. Los principios duros vividos en su familia motivaron que él buscara la felicidad: al estar todo en contra de él, su reacción fue la de oposición completa, y su personalidad, desarmónica. La falta de conciencia moral y su intuición neta comenzaron a actuar», manifestó el director del centro, el padre Camilo Aristu.

« Es un chico de pocas palabras y, en mi opinión, podría ser descrito como un psicópata amoral, ya que no siente lo que hace; es uno de los cuatro o cinco casos que he conocido en los diez años que llevo trabajando con menores; otro caso que recuerdo es el de un parricida de catorce años. »

«Me entra la manía y me tengo que ¡r»


«"Me entra la manía y me tengo que ir, padre. Yo estoy bien aquí, pero esté donde esté me tengo que ir." Esto era lo único que me decía cuando le preguntaba por qué se fugaba. Y él quería trabajar, pero se da cuenta que no está preparado para el estudio. Entonces busca uip mundo en el que triunfar, un mundo en el que él sea el jefe, el más valiente, en el que sea libre», comenta el padre Camilo.

Con una caligrafia pésima, los renglones torcidos, El Jaro escribía en una de sus estancias en el centro un ejercicio de redacción, quizá un pensamiento: «He robado quince coches y he dado estirones yo mismo, porque yo siempre he querido ser libre. »

Ese deseo de trabajar le hizo estudiar cinco días electricidad en los talleres del colegio. «A veces ha venido o huyendo de la policía o porque buscaba algo que él mismo no sabía. Otras, llegaba acompañado por su madre y un legionario. que, al parecer, vive con ella; pero a los dos días, y en ocasiones el mismo día, se cansaba y se iba. »

Muchas de las fugas (es el menor que más veces se ha fugado) eran provocadas por la presencia de los lugartenientes de su banda, «a los que consideraba inferiores porque en todo lo que hacían era mejor que ellos, no más inteligente, pero sí más arrojado».

Perros callejeros cambió su forma de actuar


«Como en muchos muchachos, la película Perros callejeros le afectó mucho a El Jaro. Toda su forma de actuar cambió, comenzaron los tirones de bolsos, aprendió técnicas de delinquir. »

Según el señor Herranz, jefe de la Primera Brigada Regional de Investigación, los delitos más realizados, aparte de los tirones, cometidos principalmente en los barrios de Peñagrande y El Pilar, .son los asaltos a garajes y los atracos callejeros. «Asaltaban varios garajes por noche para despistarnos, para sustraer el dinero y los objetos de valor del interior de los vehículos y un poco para divertirse. En la banda de El Jaro hay buenos conductores: El Gasolina, el mismo Jaro y otros. Incluso les detectamos una vez cuando hacían maniobras en un descampado de la carretera de Burgos, donde se llevaban los automóviles para ponerlos sobre dos ruedas.»

«Casi todos los miembros de la banda son peligrosos, uno más que otros; no dudan en atravesar la mano de un transeúnte con un destornillador o arrastrar a una embarazada, que al final abortó, para robarle el bolso. En cuanto a las armas que usan algunas veces, las consiguen normalmente en los mismos automóviles sustraídos.»

Según datos obtenidos por EL PAIS desde el 20 de septiembre del pasado año se produjeron sesenta detenciones de personas relacionadas con la banda de El Jaro. Trece menores, algunos detenidos varias veces, entre los que se encuentra el mismo Jaro; doce, de edades comprendidas entre los diecisiete y los veintiún años; otros veintisiete, mayores de veintiún años, y cinco adultos, como presuntos cómplices, pasaron en este período a disposición de la autoridad judicial correspondiente.

Una de las preguntas que se hace la policía es adónde va el dinero que sustrae la banda de El Jaro. Fuentes policiales informaron que siempre que han detenido a J. J. S. F. le han encontrado únicamente 6.000 6 7.000 pesetas. Según sus conocidos, los únicos gastos que se le conocen a El Jaro son la ropa y quizá la droga. «El dice que con veinte duros y un paquete de cigarrillos tiene bastante, pero no niega que le guste el hachís, el chocolate, y que lo compra con lo que obtiene de sus robos», manifestó el padre Camilo ante esta pregunta.

En cuanto a la compra de ropa, dada la vida que antes de la última detención llevaba El Jaro, y tal como le contó a su hermana, era la única forma de mudarse. « Me quedé sorprendida cuando me dijo que compraba unos pantalones y tiraba los sucios, por eso me ofrecí para lavárselos cuando él quisiera. »

Fuentes cercanas al Tribunal Tutelar de Menores manifestaron que la cuantía de lo sustraído, en su mayoría dinero, y el no haber sido recuperada nunca más que una pequeñísima parte del botín, había hecho que se rumorease que alguna persona mayor podría estarse beneficiando de los golpes dados por la banda. Sin embargo, y hasta el momento, sólo se conocen algunos casos de personas que, a cambio de haberles dejado dormir en su piso, han recibido algunos electrodomésticos. Este rumor estaría también apoyado en la docilidad que, al parecer, posee estejoven.

«El Jaro es dócil, pero a pesar de este carácter, es uno de los chicos que forman el 10% que no sirve para vivir en reformatorios con regímenes abiertos. No le gusta la lectura, ni el deporte; a él lo único que le interesa es no hacer nada, ver la televisión y hablar con sus amigos», aseguró el padre Camilo. « Quizá ahora, en la sala habilitada para chicos dificiles en la cárcel concordataria de Zamora, y antes de que cumpla dieciséis años, esa docilidad pueda aprovecharse y así se logre salvar a este chico, cuyas acciones son nada más que el producto de la sociedad. »

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23 Dic 2007 

Un vecino mató a "el Jaro", de un disparo, el sábado por la noche

La noticia de su muerte:

EL PAÍS - Madrid - 28-02-1979

«José Joaquín Sánchez Frutos, de dieciséis años, el Jaro, ha sido identificado como el joven muerto de un disparo de escopeta en la noche del pasado sábado, día 24, en la calle de Toribio Pollán.» Esta frase, que ayer encabezaba la nota de prensa distribuida por la Jefatura Superior de Policía, indica que han matado a el Jaro, uno de los delincuentes juveniles más famosos de España. Al español en quien más genuinamente se habían combinado la juventud y la delincuencia en el drama de ahora.Fue el sábado, en mitad de los fatigados pasquines electorales. Un vecino de Madrid, uno entre los que cada día leen junto a los crucigramas «Empleado muerto en un atraco», vio desde el ventanal cómo cuatro jóvenes, armados de navajas, atacaban a un amigo. Cargó la escopeta y bajó a la calle. Entonces, los chicos arremetieron contra él, especialmente uno bajito. Y él disparó.

El tiro del madrileño cuatro millones acabó con la vida de el Jaro. Lo apiolaron, pues.

José Joaquín se había dado prisa en buscarse un sitio en los archivos. Hoy en día ya hemos dicho que nació en Villatobas, un pueblo toledano de nombre premonitorio. Se sabe que su madre bebía y se iba, según confesión de María del Pilar, uno de los componentes de la familia, y nosotros, el Jaro y yo, a los ocho años sabíamos saltar la cerradura de casa con una cuchara, escapar de la habitación y pedir comida en la escuela. María del Pilar, la hermana predilecta de el Jaro, apenas recuerda unos encuentros fragmentarios con sus hermanos, y sobre todo imágenes de alguna mudanza, de algunos viajes por sobreáticos y entresótanos, en los que nunca se salía de los interiores, de la miseria; vagas estampas en las que se asocian los colchones arrollados, los sábados por la noche, las onzas de chocolate y los reaiquíleres, y al final, José Joaquín, que reaparece de pronto, se interesa por ella, y se va. Mamá se iba a no sé donde, y el Jaro se iba a las gasolineras, pero solía pasar por casa. «Era el que más me quería de todos.»

El director del reformatorio Sagrado Corazón, del que José Joaquín tuvo tiempo de huir unas quince veces, le definió como un psicópata amoral, aunque añadiría a fin de que nadie pudiese confundir al chico con Jack el Destripador, que los duros principios vividos en familia motivaron que buscara la felicidad: al estar todo contra él, su reacción fue la de oposición completa. El chico explicó bastante bien su caso en un breve ejercicio de redacción que aún se conserva en el reformatorio: «He robado quince coches y he dado estirones yo mismo, porque yo siempre he querido ser libre.» Su caligrafía no era buena, y no se tienen referencias sobre su formación cultural. En cambio se sabe que disponía de las nociones precisas sobre anatomía y sobre pirotecnia: sabía dónde estaban el gatillo, la recámara, el corazón y la yugular, como todos los golfos adolescentes de Pasolini, el joven pueblo que practica esa migración circular sólo posible entre suburbio y suburbio. «Había sufrido numerosas detenciones por toda clase de hechos delictivos: robos, atracos, lesiones, hurtos y consumo de drogas», dice un telegrama de agencia, si bien su caso podría explicarse un poco mejor dándole la vuelta a su historial. Diciendo que antes de sus detenciones había sufrido.

A veces, los policías hablaban de él con un asombro levemente matizado por la indignación, como se hablaría de un pequeño Fu Man Chu a quien se admira más por prestidigitador que por criminal. «Maneja a docenas y docenas de muchachos, algunos de ellos mayores de edad, con un extraño dominio. Provoca en ellos una especie de fascinación que se traduce en una lealtad ciega, ilimitada. Es muy chiquitillo, no levanta ni esto del suelo, pero les habla, les controla y les dirige como lo haría un auténtico líder.» Hace algún tiempo participó en un enfrentamiento armado con la Guardia Civil: los periódicos publicaron sucesivamente las noticias de que había resultado gravemente herido y de que, después de un último arresto, los agentes le habían trasladado a la cárcel concordataría de Zamora. Allí se le dio por acabado.

Las previsiones eran falsas. Su banda, que contaba con conductores tan hábiles como el Gasolina comenzó a ir y venir de nuevo, como mamá, como los lobos, a crea un difícil problema estratégico a la policía. Resultaba imposible saber dónde atacarían: hoy en esta salida de cine, mañana en esta bocacalle. La máxima filosofia volvió a ser la misma de siempre: Esto es un atraco. Las navajas, la noche, la yugular y el miedo. Hasta el sábado.

El sábado por la noche, un vecino de Madrid cuyo nombre no ha sido divulgado por la policía llamémosle el madrileño cuatro millones estaba mirando por una ventana. «Disculpen, no quiero hacer declaraciones ni dar mi nombre, compréndanlo.» Oyó el portazo, vio a un amigo y a cuatro agresores cuya identidad apenas ofrecía el dato de un destello. Armas blancas. Cargó y bajó.

Luego José Joaquín Sánchez Frutos caía sobre los carteles. Cerraba un terrible historial, y abría la primera página de un tratado de sociología que puede resumirse en una cita de su edad.

Tenía dieciséis años.
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23 Dic 2007 

"El Jaro", herido gravemente por la Guardia Civil tras un atraco




J. J. S. F., más conocido en Madrid por su apodo de el Jaro, fue herido gravemente ayer por la Guardia Civil, cuando huía con dos compañeros, tras haber asaltado un chalet en Somosaguas, del que se llevaron más de un millón de pesetas en joyas y dinero.Según fuentes de la Guardia Civil, a primeras horas de la tarde del sábado, tres jóvenes encapuchados, armados uno de ellos con un revólver y los otros dos con barras de hierro, irrumpieron en un chalet de Somosaguas e intimidaron a sus propietarios, a los que obligaron a entregarles joyas y dinero por la cantidad citada.


















Sin embargo, una sirvienta logró alertar a una pareja de la Guardia Civil que se encontraba en las inmediaciones. Los tres jóvenes fueron localizados cuando huían del chalet y no obedecieron las voces de alto. La Guardia Civil disparó y el Jaro cayó gravemente herido -la información facilitada no especifica su estado actual-. Los dos restantes jóvenes lograron huir, aunque se cree que uno de ellos está herido. En poder de el Jaro se encontraban unas 700.000 pesetas, que se devolvieron a sus propietarios.




El Jaro ha alcanzado un cierto renombre en Madrid por lo agitado de su historial, y se ha señalado como el prototipo del joven delincuente urbano. A sus quince años de edad ha sido detenido en más de veinticinco ocasiones, y ha estado ingresado en diversos reformatorios, de los que se escabullía a voluntad.




Detenido un presunto homicida




La Dirección General de Seguridad informó ayer de la detención de Miguel Tomillero, María Teresa Embuena e Inocente Barata, como presuntos componentes de una banda de traficantes de drogas. El último de ellos ha sido inculpado también de la muerte de un estanquero, ocurrida en Madrid el año pasado. Aunque la nota policial no lo especifica, parece referirse a la muerte de Nicolás Navarro, arrendatario del estanco de Cruz del Sur, 31, hecho acaecido a principios de enero de 1977. Aquel día, cuatro jóvenes intentaron atracar el establecimiento y ante la resistencia del señor Navarro le dispararon y apuñalaron a continuación. En los meses sucesivos fueron detenidos los tres agresores. El último era, al parecer, Inocente Barata, que en el momento de su detención llevaba un documento de identidad falso a nombre de Alejandro Rosón.



Al ser detenidos, el pasado 20 de julio, se les encontró en un domicilio de Andrés Mellado, 33, unos 120 gramos de cocaína, treinta de hachís, un revólver Taunus con seis balas y otros efectos. El valor de lo aprehendido se estima en unas 800.000 pesetas.





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23 Dic 2007 

Navajeros

Navajeros
Título Navajeros

Ficha técnica
Dirección Eloy de la Iglesia

Producción Pepón Coromina
Enrique Gómez Vadillo
Isela Vega

Guión Gonzalo Goicoechea

Música Burning, Gay & Co.

Fotografía Antonio Cuevas

Reparto José Luis Manzano
José Sacristán
Isela Vega
Verónica Castro
Jaime Garza
Enrique Sanfrancisco
María Martín
José Manuel Cervino
José Luis Fernández "El Pirri"
Ramón Reparaz
Alfred Lucchetti
Alberto Mendiola
Manuel Álvarez Serrano
Enrique Rojas Pérez
Pep Corominas

Datos y cifras
País(es) España
Año 1980
Género Cine quinqui
Duración 95 minutos

Ficha en IMDb

Navajeros es la película con la que debutó Eloy de la Iglesia en el cine quinqui.

Argumento [editar]

El argumento está centrado en la vida del Jaro, un joven delincuente habitual hijo de una prostituta y que procede de uno de los barrios marginales de las afueras de Madrid.

La película está ambientada en el año 1980, justo en un momento de difícil acceso al empleo ya que España cuenta con más de un millón y medio de parados. Para subsistir en esta difícil situación el Jaro y su banda no dudan en cometer robos y atracos por todo Madrid y así conseguir dinero de una forma fácil y rápida. Dada su corta edad (el Jaro, por ejemplo, sólo tiene quince años) cada vez que son capturados por la policía son encerrados en el reformatorio del que no tardan en fugarse para seguir cometiendo delitos.

Entre delitos, una prostituta ya entrada en años se enamorará del Jaro y lo acogerá en su casa para "protegerlo". A pesar de esto el Jaro le confiesa que él se ha enamorado de una chica más joven que ella. Mientras el Jaro está en prisión la prostituta se entera de que ha dejado embarazada a su novia y cuando éste sale de la cárcel acoge a ambos dos en su apartamento, donde la convivencia entre los tres se vuelve insoportable.

Los delitos y peleas se van solapando con el mundo de las drogas hasta que en uno de sus atracos el Jaro muere víctima de dos disparos, uno en el tórax y otro en la cabeza, justo el mismo día en que nace su hijo.

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19 En 2008 

La cancon del jaro

la cancion del jaro es  del grupo burning y el titulo de la cancion es escribelo con sangre
esa el original y la del Jaro de la`pelicula se llama la cancion del Jaro
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24 Nov 2009 

Gran Portada El Jaro


Admin · 235 vistas · 0 comentarios
24 Nov 2009 

Periodico La Muerte del Jaro


Admin · 471 vistas · 0 comentarios
24 Nov 2009 

Sucesos "El Jaro"

Admin · 40 vistas · 0 comentarios