Un delincuente que hasta hace poco estaba dando guerra

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    El malo Dieguito

    22 Dic 2007 

    'Dieguito el Malo', el sucesor de 'El Vaquilla'



    • Su mujer se suicidó y su hija murió electrocutada a los 5 años







    Mosos d'Esquadra a las puertas del supermercado que fue atracado. (Foto: EL MUNDO)


    Mosos d'Esquadra a las puertas del supermercado que fue atracado. (Foto: EL MUNDO)









    BARCELONA.- Juan Diego Redondo, más conocido en los ambientes carcelarios como "Dieguito el Malo", posee una biografía propia de un guión de cine, marcada por sus años en prisión, sus numerosas fugas y una trágica vida familiar. Este delincuente, autor de una autobiografía, escribió ayer el último capítulo de su historia al protagonizar un intento de atraco en un supermercado de Barcelona.



    La historia terminó cuando fue detenido mientras intentaba huir mezclado entre los rehenes que retuvo durante cerca de hora y media.



    Nacido hace 47 años en Baza (Granada), Juan Diego se trasladó de niño a Barcelona junto a su madre y sus siete hermanos. Tras morir su padre, y con seis años, ingresó en un orfanato. La primera fuga la protagonizó allí y, tras robar una bicicleta, fue llevado a un reformatorio del que también se fugó.



    A los 15 años formó un grupo que atracaba joyerías y bancos a mano armada y, con sólo 16, pisó su primera cárcel, la Modelo de Barcelona, donde aprendió a leer y escribir.



    Tras beneficiarse de un indulto, volvió a delinquir y fue enviado a la prisión de Soria, aunque volvió a la Modelo en 1978, donde, convertido en cabecilla de la Coordinadora de Presos en Lucha (Copel), organizó la que pretendía ser una fuga de 600 reclusos.



    Utilizando platos, maderas e instrumentos de hierro los reclusos excavaron durante días un túnel hacia las alcantarilla y, el 2 de junio de 1978, un total de 45 presos, entre ellos Juan Diego, lograron evadirse antes de que la Guardia Civil abortara la fuga. Pocos días después fue detenido en una operación en la que quedó gravemente herido, aunque se recuperó y volvió a prisión.


    Su etapa más tranquila



    En 1988 salió en libertad condicional, consiguió un empleo de carpintero, se casó y tuvo dos hijos, en el periodo más tranquilo de su agitada biografía, que, sin embargo, se vio truncado cuando tuvo que volver a la cárcel en 1992 para cumplir 12 años de prisión por causas que tenía pendientes desde 1978.






    Organizó la que pretendía ser una fuga de 600 reclusos. Utilizando platos, maderas e instrumentos de hierro, excavaron durante días un túnel








    En 1998, Juan Diego Redondo obtuvo un permiso penitenciario que aprovechó para cometer dos atracos, según él, para pagar un nicho en el que depositar los restos de su mujer, que se había suicidado, y de su hija, que murió electrocutada a los 5 años en una calle de Rubí (Barcelona).



    Ingresado en la cárcel de Brians, en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona) para cumplir penas por robo y tenencia ilícita de armas que sumaban diez años, el delincuente no regresó un domingo del pasado mes de agosto a la prisión tras disfrutar de un permiso ordinario de tres días.



    Redondo, que estaba clasificado en segundo grado de tratamiento, habría cumplido las tres cuartas partes de su condena en 2007, lo que le habría abierto las puertas a la libertad condicional, y su abandono definitivo de la cárcel estaba previsto para noviembre de 2009.


    Autor de una biografía



    Desde la publicación de su libro, titulado "La fuga de los 45", "Dieguito el Malo" había aparecido en varios medios de comunicación y había sido entrevistado en platós de televisión, en una última ocasión en TV3 mientras permanecía fugado, en los que explicaba su periplo por la vida y las prisiones.



    Fuentes penitenciarias han destacado que el perfil de este delincuente es el de un recluso "prisionizado", término con el que se define a aquellos incapaces de adaptarse al ambiente de fuera de la prisión, y que se mueve buscando "la notoriedad". De alguna manera, su biografía y su manera de actuar intentando atraer sobre él la atención pública recuerda a otro delincuente "mítico", Juan José Moreno Cuenca, "El Vaquilla", con quien compartió en 1978 la histórica fuga de la Modelo y al que "Dieguito" tendría como referente.



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    23 Dic 2007 

    Condena de casi 19 años de cárcel para 'Dieguito el Malo'

    Dieguito el Malo es conducido por los Mossos al juzgado el 26 de noviembre del 2005. Foto: GUILLERMO MOLINER
    EUROPA PRESS
    BARCELONA

    La titular del Juzgado Penal número 7 de Barcelona ha condenado a 18 años y 9 meses de prisión a Juan Diego Redondo, alias Dieguito el Malo, por el atraco frustrado con rehenes cometido en noviembre de 2005 en un supermercado de Barcelona. La magistrada, por otra parte, ha impuesto 17 años y 3 meses de cárcel a un exempleado del establecimiento, Marcos V. L., por facilitar información a Redondo y colaborar en el intento de robo.

    Los hechos ocurrieron el 23 de noviembre de 2005, cuando Redondo, fugado desde hacía tres meses de la cárcel, acudió a un supermercado Caprabo de la calle Ganduxer, cerca de la avenida Diagonal de Barcelona, que ya estaba fuera del horario comercial.

    Según declara probado la sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press, el procesado entró por la puerta destinada a mercancías y, pistola en mano, encerró a seis trabajadoras del supermercado en una oficina anexa a la espera de que llegara el encargado del local y le abriera la caja fuerte, donde había unos 30.000 euros correspondientes a la recaudación de la jornada.

    La ayuda del empleado

    Pocos minutos después, se acercó al lugar Marcos V. L., quien, "sólo aparentemente", también fue retenido por Dieguito el Malo, "porque así lo había acordado" con él, según relata la sentencia. El encargado del supermercado, por su parte, consiguió salir del establecimiento por la puerta principal, llevándose con él las llaves de la caja fuerte.

    Unas dos horas después, viendo que el encargado no llegaba, las empleadas convencieron a Redondo para que se entregara a la Policía, que había rodeado el local. A pesar de que el asaltante salió a la calle camuflado entre las trabajadoras, los agentes pudieron detenerle. Dos días después, los Mossos arrestaron también a Marcos V. L., por su supuesta implicación en el atraco.

    Para la juez, los hechos se traducen en un delito de intento de robo con intimidación, otro de tenencia ilícita de armas y seis de detención ilegal, de los que considera responsable a Juan Diego Redondo, al que se ha aplicado la atenuante de drogadicción y la agravante de reincidencia.

    Confesión ante los Mossos

    Marcos V. L., el joven exempleado del establecimiento, proporcionó a Dieguito el Malo la información necesaria para facilitarle la organización y ejecución del atraco, ya que le explicó cómo debía entrar en el supermercado, dónde estaba el dinero y quién tenía acceso a él.

    Durante el juicio, celebrado a finales de enero, Juan Diego Redondo se atribuyó sin problemas la autoría de los hechos, señalando que lo hizo porque quería drogarse y tenía deudas. El procesado aseguró durante su declaración que no hizo daño a nadie y exculpó a su presunto cómplice, que también negó su implicación en los hechos.

    No obstante, el joven confesó en su día a los Mossos d'Esquadra que facilitó a Dieguito el Malo toda la información necesaria para cometer el atraco, una declaración que, según dijo en el juicio, realizó coaccionado por los agentes. Sin embargo, la magistrada ha llegado "al pleno y absoluto convencimiento" de que Marcos V. L. tuvo participación en los hechos, "habiendo mediado entre él y Juan Diego Redondo un acuerdo previo para la perpetración de los hechos".

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    23 Dic 2007 

    «Dieguito el Malo» vuelve a prisión y su cómplice queda en libertad con cargos

    27-11-2005 04:18:15
    «Dieguito el Malo» vuelve a prisión y su cómplice queda en libertad con cargos


    ABC

    BARCELONA. El titular del Juzgado de Instrucción número 20 de Barcelona decretó ayer prisión para Juan Diego Redondo, el delincuente que el pasado miércoles protagonizó un atraco con rehenes a un supermercado de Barcelona. El juez decretó libertad con cargos para el presunto cómplice, Marcos V., empleado del establecimiento.

    A Redondo, de 47 años y apodado «Dieguito el Malo», se le imputan los delitos de robo con intimidación, detención ilegal y quebrantamiento de condena. El atracador vuelve así a la cárcel de Brians, en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona), adonde no había regresado el pasado 14 de agosto tras disfrutar de un permiso de tres días.

    Disculpas

    «Dieguito el Malo» y Marcos V. pasaron a disposición judicial ayer poco antes de las nueve de la mañana. A su llegada a los juzgados, custodiado por diversos agentes de la Policía autonómica, el primero dijo a los periodistas que había cometido el atraco para que su hijo «pueda ir a la escuela, ya que los asistentes corruptos no lo han llevado en tres años y eso que lo tienen a su cargo».

    Aparentemente tranquilo, el atracador pidió perdón por lo que hizo, informa Europa Press.

    Unos minutos después llegó Marcos V. Su semblante era más serio y no quiso hacer declaraciones a los informadores que aguardaban la llegada de ambos al juzgado.

    Este joven, que trabajaba como reponedor en el establecimiento asaltado, de la cadena Caprabo y situado en el número 10 de la calle Ganduxer, fue detenido por los Mossos d´Esquadra anteayer como presunto colaborador de Juan Diego Redondo. En su segunda declaración ante los agentes, Marcos V. se derrumbó y confesó su conexión con el atracador. Este joven reconoció haber proporcionado información a «Dieguito el Malo» sobre el supermercado, como, por ejemplo, el dinero que guardaba la caja fuerte. Redondo tomó como rehenes a seis empleadas y a su cómplice, quien después del atraco frustrado explicó a los periodistas cómo había transcurrido y lo que había hecho y dicho «Dieguito el Malo» durante el tiempo que los mantuvo retenidos.

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    23 Dic 2007 

    Dieguito el Malo" entró a un bar, se tomó tres cañas y enseñó la pistola con la que cometió el atraco

     
     
       
     
     

     
      "Dieguito el Malo" entró a un bar, se tomó tres cañas y enseñó la pistola con la que cometió el atraco  
     
     
     
     
                       
     
     
     

    AGENCIAS
    24 de noviembre de 2005

    Juan Diego Redondo, alias "Dieguito el Malo", el atracador que retuvo a siete empleados del supermercado Caprabo que intentó asaltar, se tomó tres cañas antes de cometer su fechoría en un bar próximo, en el que exhibió la pistola e incluso se le cayó una bala del bolsillo.

    Josep Lluís Santoll, propietario del bar Taita-1, situado en la calle Mestre Nicolau, cerca del supermercado de la calle Ganduxer que sufrió el intento de atraco, explicó que sobre las 20.30 horas del miércoles estuvo conversando "amigablemente" con el atracador, que, sentado en la barra de su establecimiento, "estuvo amable e hizo bromas sobre las mujeres".

    Santoll recordó que "Dieguito", que iba vestido con un traje negro, camisa blanca y una corbata estrecha de cuero negro "de las de hace ya unos años", consumió tres cañas de cerveza y no aparentaba ir demasiado bebido.

    El propietario del bar reveló que Sara, una de sus clientes habituales, vio cómo se le cayó una bala del bolsillo al suelo.

    "Oiga que se le ha caído una bala", le dijo Sara al oír el tintineo. "No, no, es una moneda", respondió el atracador mientras se apresuró a recogerla.

    "Pero, enseguida, sacó una pistola del cinto y la puso encima de la barra y yo le dije que no hiciera tonterías y que la guardara inmediatamente", explicó Santoll, que confesó que no pensó en llamar a la policía porque "igual era un policía de paisano medio borracho".

    El atracador atendió el requerimiento del dueño del bar y se la volvió a meter en el cinturón.

    Según el dueño del bar, Dieguito permaneció en su establecimiento durante una media hora "y estuvo en todo momento muy amable y gracioso, incluso me cayó bien porque se parece físicamente al padre del portero de la serie 'Aquí no hay quien viva'".

    La tercera caña se la tomó apresuradamente de un sorbo "porque me dijo que se le estaba haciendo tarde. ¿Quién iba a pensar que era porque le cerraban el Caprabo, que iba a llegar tarde a un atraco?", recordó, sonriente, Santoll.

    Juan Diego Redondo, con un largo historial delictivo y que fue detenido cuando intentó huir camuflado entre los siete empleados de Caprabo que retuvo durante más de una hora, permanece en dependencias de los Mossos y no pasará a disposición judicial hasta el jueves, según informaron fuentes de la policía autonómica

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    23 Dic 2007 

    Su mujer se suicidó y su hija murió electrocutada a los 5 años

     


    EFE

    BARCELONA.- Juan Diego Redondo, más conocido en los ambientes carcelarios como "Dieguito el Malo", posee una biografía propia de un guión de cine, marcada por sus años en prisión, sus numerosas fugas y una trágica vida familiar. Este delincuente, autor de una autobiografía, escribió ayer el último capítulo de su historia al protagonizar un intento de atraco en un supermercado de Barcelona.

    La historia terminó cuando fue detenido mientras intentaba huir mezclado entre los rehenes que retuvo durante cerca de hora y media.

    Nacido hace 47 años en Baza (Granada), Juan Diego se trasladó de niño a Barcelona junto a su madre y sus siete hermanos. Tras morir su padre, y con seis años, ingresó en un orfanato. La primera fuga la protagonizó allí y, tras robar una bicicleta, fue llevado a un reformatorio del que también se fugó.

    A los 15 años formó un grupo que atracaba joyerías y bancos a mano armada y, con sólo 16, pisó su primera cárcel, la Modelo de Barcelona, donde aprendió a leer y escribir.

    Tras beneficiarse de un indulto, volvió a delinquir y fue enviado a la prisión de Soria, aunque volvió a la Modelo en 1978, donde, convertido en cabecilla de la Coordinadora de Presos en Lucha (Copel), organizó la que pretendía ser una fuga de 600 reclusos.

    Utilizando platos, maderas e instrumentos de hierro los reclusos excavaron durante días un túnel hacia las alcantarilla y, el 2 de junio de 1978, un total de 45 presos, entre ellos Juan Diego, lograron evadirse antes de que la Guardia Civil abortara la fuga. Pocos días después fue detenido en una operación en la que quedó gravemente herido, aunque se recuperó y volvió a prisión.

    Su etapa más tranquila

    En 1988 salió en libertad condicional, consiguió un empleo de carpintero, se casó y tuvo dos hijos, en el periodo más tranquilo de su agitada biografía, que, sin embargo, se vio truncado cuando tuvo que volver a la cárcel en 1992 para cumplir 12 años de prisión por causas que tenía pendientes desde 1978.

    Organizó la que pretendía ser una fuga de 600 reclusos. Utilizando platos, maderas e instrumentos de hierro, excavaron durante días un túnel

    En 1998, Juan Diego Redondo obtuvo un permiso penitenciario que aprovechó para cometer dos atracos, según él, para pagar un nicho en el que depositar los restos de su mujer, que se había suicidado, y de su hija, que murió electrocutada a los 5 años en una calle de Rubí (Barcelona).

    Ingresado en la cárcel de Brians, en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona) para cumplir penas por robo y tenencia ilícita de armas que sumaban diez años, el delincuente no regresó un domingo del pasado mes de agosto a la prisión tras disfrutar de un permiso ordinario de tres días.

    Redondo, que estaba clasificado en segundo grado de tratamiento, habría cumplido las tres cuartas partes de su condena en 2007, lo que le habría abierto las puertas a la libertad condicional, y su abandono definitivo de la cárcel estaba previsto para noviembre de 2009.

    Autor de una biografía

    Desde la publicación de su libro, titulado "La fuga de los 45", "Dieguito el Malo" había aparecido en varios medios de comunicación y había sido entrevistado en platós de televisión, en una última ocasión en TV3 mientras permanecía fugado, en los que explicaba su periplo por la vida y las prisiones.

    Fuentes penitenciarias han destacado que el perfil de este delincuente es el de un recluso "prisionizado", término con el que se define a aquellos incapaces de adaptarse al ambiente de fuera de la prisión, y que se mueve buscando "la notoriedad". De alguna manera, su biografía y su manera de actuar intentando atraer sobre él la atención pública recuerda a otro delincuente "mítico", Juan José Moreno Cuenca, "El Vaquilla", con quien compartió en 1978 la histórica fuga de la Modelo y al que "Dieguito" tendría como referente.

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    ...vive como piensas o acabarás pensando lo que vives...
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    23 Dic 2007 

    La fuga de los 45. Dieguito el Malo.


    dieguito.jpgEran otros tiempos. Está claro. El desarrollismo había dejado a miles de personas en los extrarradios de las ciudades en el umbral mismo de la pobreza. Ellos eran jóvenes. Franco estaba agonizando y decenas de chavales en todo eso que convenimos llamar España se dedicaban al tirón, al butrón, al asalto. Nombres míticos que pueblan el imaginario colectivo. El Vaquilla, el Torete, el Lute, el Nani, el Pera. Adolescentes imberbes que buscaban salir de la miseria y que acabaron en las cárceles franquistas o abatidos a tiros por la policía. Dieguito el Malo, Juan Diego Redondo, ha pasado más de 30 años en la cárcel y ha protagonizado más de 20 fugas, "desde que a los 12 me escapé de un reformatorio", confiesa. Diego juró hace cosa de unos meses que no se volvería a escapar, por su madre y por su hijo. El otro día presento "La Fuga de los 45" en la Casa del Libro. En su relato cuenta como se preparó la fuga de 600 presos organizados en la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha). Sólo 45 consiguieron salir de la Modelo por las alcantarillas de la calle Rosselló de Barcelona. De los 45, sólo 7 quedan vivos. Ninguno de los otros 38 murieron de muerte natural. Diego tiene una especie de resignación por los tiempos pasados, y una mínima esperanza personal en tener una vida normal y familiar. Sabe que no es fácil. 30 años en la cárcel son muchos años. Ya salió en el 88, y cuando tenía mujer y dos hijos, le salió una sentencia por un delito del 78 y le condenaron a 18 años más en la prisión. Nada más entrar en la cárcel su mujer se suicidó y a los pocos meses su hija de 5 años se electrocutó en una vía de tren. Fue su penúltima oportunidad de tener una vida mejor. Ahora tiene otra. Mientras presentaba el libro y firmaba ejemplares con un bolígrafo de la Caixa, decenas de personas le aplaudían, quizás sin reconocerse en quienes se hubieran cruzado de acera al verlo solo en cualquier calle de la ciudad. Quizás sin ver, que cuando se juzga a una persona, se deben juzgar también las circunstancias que le rodean. Quizás sin reconocer que la cárcel pocas veces reinserta y que sólo es un almacén para los "deshechos" sociales. Hoy Dieguito el malo sonríe. Pero sospecha. Detrás de su humanidad y su cercanía un poco asombrada se esconde un "como me vuelva a pasar lo de hace 20 años, me quito la vida". Nos lo dijo en privado también. Este libro fueron sus memorias. Y su testamento. Algo le ha hecho cambiar de opinión, y ahora, mientras escribe dos o tres libros continuación de "La Fuga de los 45", seguirá esperando un rumbo mejor.

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    23 Dic 2007 

    Pelicula la fuga de los 45 dias

    Juan Diego Redondo Puertas: La fuga de los 45
    Blas López-Angulo
    Insurgente






    Breve sinopsis: Juan Diego, tras casi treinta años en prisión, nos relata cómo preparó la fuga para 600 presos en la prisión Modelo de Barcelona al frente de la COPEL. Son quince jornadas registradas en su diario entre el 19 de mayo y el 2 de junio de 1978. En esta última fecha los 45 que habían trabajado en la excavación de un túnel de casi una decena de metros salieron por las alcantarillas de Entença, Rosselló, Provença e Infanta Carlota ante la mirada de asombro de los transeúntes o el atasco de los coches. Se consumaba una de las mayores fugas registradas en el Estado español.


    Podría titular esta semblanza “JUAN DIEGO REDONDO PUERTAS, ALIAS DIEGO EL MALO O EL MALO DIEGUITO: CARNE DE CAÑÓN Y DE PRISIÓN” pero no esperará nadie encontrar aquí, ubicado en los intersticios de este heroico diario digital, una crónica de sucesos al uso o un retrato que naturalice y por tanto justifique socialmente esa carne de cañón y de prisión. Como si fuera natural el destino de las balas y el talego que la sociedad reserva para algunos que no han tenido la fortuna de nacer en una cuna real o ni siquiera en una cuna. Perseveran en su delito rebelándose.

    “Yo vengo a hablar aquí de su libro” como lo llevo haciendo con otros personajes tan peregrinos o más que éste, que dejaron alguna memoria de sí mismos escrita. Prefiero estas autobiografías tan raras por inusuales y más veraces que las de tanto prohombre ahíto de prebendas e incienso. Por rara lo es hasta la editorial y su nombre Maikalili. El proyecto de su joven creadora, Mercè Sentias, busca autores inéditos que a menudo relatan sus propias vidas. Un propósito humilde con ediciones pequeñas pero inmensas para sus escritores protagonistas por los efectos vivíficos, salvíficos, miríficos –elijan ustedes- que les proporciona. “La fuga de los 45” en cambio ha conocido un gran éxito de ediciones y difusión. El interés del género, especialmente en el cine (no me extrañaría una versión nostálgica del tipo de “perros callejeros”) ha llevado a la televisión a Juan Diego Redondo. El rocambolesco atraco en Caprabo a las noticias y grandes titulares en los últimos meses desempolvando esas viejas crónicas del Vaquilla, el Torete y compañía. Repito por si es necesario: no me interesan. Esto no es “El Caso” ni pretendo ni está a mi alcance entretener con las andanzas del Lute a la misma sociedad amodorrada. El malo Dieguito –como le bautizaron sus colegas- es ya una parodia de sí mismo en busca de su fama, de su personaje (también ha publicado una segunda parte de estas memorias: “atracos a bancos” y podrá escribir entre rejas más que al menos algo le lucrarán). Me interesa y mucho el que aparece en ese periodo conflictivo y de luchas de finales de los 70. Tiene mérito en todo caso que 30 años después haya podido contarlo y publicarlo personalmente: primero porque es uno de los pocos supervivientes entre sus compañeros y segundo que lo haya contado él mismo. Esto que podría parecer muy normal no abunda en su medio. Empezando porque no sabía escribir hasta hace bien poco. Fue una monjita quien visitó a la editora con el original que ella revisó mientras él dormía en la cárcel.

    Me interesa sobre todo el movimiento de prisiones encabezado por la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha). Un momento único en la historia reivindicativa de las prisiones del Estado español. Diego Redondo era el número Uno en la Modelo, “con mando sobre mando” o “en jefe” como gusta referir él mismo. Él mismo reconoce que “la cárcel en sí era más del preso que de la Administración Penitenciaria. Eran otros tiempos y otras historias”.

    Es maravilloso observar la metamorfosis de estos jóvenes, casi todos menores de edad (La Constitución después fijó la mayoría de edad a los 18 años), sin instrucción y con unas muy vagas ideas políticas, a lo sumo cazadas al vuelo por la proximidad eventual de las galerías de presos políticos (una categoría de VIP’s dentro del ambiente carcelario en buena parte auspiciada por sus propios integrantes). Es esa lucha y organización su sentido de vivir y la fuente de regeneración. En ella ocupan cargos y ejercen funciones dignas. Sorprende por tanto su lenguaje asimilador. Según he ido leyendo he tomado algunos ejemplos: “Toma nota, secretario –dijo el administrador, Servicios de información, jefe de Centro de Servicios, notificar, presidir la Junta, el Administrador hizo cuentas, más de cien solicitudes de audiencia, se convocó de nuevo el Cuartel General. Hechas las formalidades, comenzó la sesión. Se vio que la actividad en la oficina…A pesar de todo, comenzó con normalidad la jornada laboral en busca de libertad…operarios, trabajadores, a causa de mi “baja” por enfermedad, ejercer las funciones propias de la administración económica, (suspender) juicios revolucionarios, traductores”. En otro frente de batalla imponen un “impuesto revolucionario”, un brazo armado de la COPEL, un GIL (Grupo Interno antiabusos en Lucha), otro externo GAPEL (Grupo Armado de exPresos En Libertad).

    Incluso dan algunas lecciones de justicia. Lo ilustro. De los frecuentes casos que someten a su “jurisdicción”, con inmediatez y celeridad juzgan una estafa, restituyen el dinero a cada uno de los estafados. Oído el acusado autorizan sus actividades (repartiendo el 50 % de los beneficios a la Coordinadora) y rehabilitado de tal modo que pasa a ser escolta del nuevo Número Uno. Esto que puede parecernos tan poco serio como pintoresco no adolece de los vicios de un Estado que se arroga el monopolio de la justicia, sometiendo a su maquinaria a los débiles, no siempre satisfaciendo a las víctimas y pocas veces castigando a los poderosos. Las composiciones a las que solían llegar estos “juicios revolucionarios” ofrecían más sensibilidad, contrapesos y puede que garantías que los más solemnes y dotados de todos los medios que el Estado (autollamado de derecho) ha consagrado remedando antiguas formas y ceremonias religiosas.

    Con lo cual voy a parar a otro punto con el que concluyo. Ya lo traté en “Qué es la cárcel. La vida en prisión (notas)”. Está colgado por algún que otro sitio. Paso a reproducirlo.

    - Alternativas a la cárcel.

    De lo que se trata es de reparar el mal ocasionado, no de causar otro mayor sobre el condenado. Las comunidades con mayores lazos sociales así lo hacen. Ciertamente, las penas privativas de libertad son propias de los siglos XIX y XX. En la actualidad es patente su inadecuación en cuanto no rehabilitan: con esta razón rehabilitadora se fueron imponiendo. Prueba de ello es que el nuevo código penal ha tratado de abrir otras alternativas, pero a todas luces insuficientes. La realidad es que existen megaprisiones, hacinamiento a pesar de proliferar nuevas cárceles. Se ha pasado de 8.000 reclusos en 1975 a más de 60.000 hoy.

    Como señala Giddens, "las prisiones modernas tienen más que ver con los asilos para pobres, en los que era obligatorio el trabajo, que con las cárceles y calabozos del pasado"

    Y como el otro día escribía Haro Tecglen los delitos comunes son políticos por cuanto es la organización social la que obliga a ellos, los predetermina.
    La amnistía general a los presos políticos de la "transición" debió extenderse a los presos sociales. Un proyecto de indulto general presentado en el Senado por Bandrés y Xirinacs* fue rechazado por la inmensa mayoría de los grupos parlamentarios. Con esto convalidaban el orden franquista y su represión. No está de más recordar (en estos tiempos sin memoria, ergo desalmados) que ese rechazo de la clase política a esa reivindicación que partió de la Coordinadora de Grupos Marginados de Madrid provocó un notable incremento de la conflictividad en las prisiones. La violencia alcanzó su grado más alto con el asesinato del recluso anarquista Agustín Rueda (el 14 de marzo de 1978) y, una semana después, con la del entonces director general de Instituciones Penitenciarias, Jesús Haddad.**

    Esta razones y no otras llevaron a una reforma urgente del sistema penitenciario. La Ley Orgánica General Penitenciaria venía así prontamente -26 de septiembre de1979- a cumplir un mandato constitucional. La ley de fuerzas de seguridad, en cambio, esperó hasta 1986.

    Entre las virtudes de la vigente ley de 1979, parece claro que influyó decisivamnete en la desarticulacón de aquel importante movimiento asambleario de reclusos. La consagración de una lógica punitivo-premial, de un sistema de penas "progresivo" (para los no conflictivos, para los otros un fichero F.I.E.S. de más que dudosa constitucionalidad) han fomentado, sin duda, la individualidad entre los reclusos, en detrimento de las anteriores actitudes solidarias.

    El humillado no debe perder la dignidad, debe resistir. Y todos juntos, en reunión de etnias, culturas, regiones. Y obligar a la Administración al respeto de todos y cada uno de ellos, de su particularidad. Ese es el camino para evitar la autodestrucción, quitando ladrillos del muro.

    * Xirinacs confiesa en el mismo prólogo: “Yo había leído que siempre que un país pasaba de un régimen autoritario a un régimen democrático, la amnistía incuestionable para los presos políticos, siempre iba acompañada de un indulto general para los presos sociales. Así sucedió, por ejemplo, hacía pocos años en Portugal a al salida de su negra tiranía de cincuenta años”.

    ** En el mismo prólogo , Xirinacs narra que Haddad “demasiado comprensivo –según algunos-“ promovía la rehabilitación de los presos. “Oficialmente, –continúa el bravo ex –senador- fue ametrallado en Madrid por los GRAPO. En los pasillos de las Cortes se decía que lo habían eliminado algunos directores de prisiones de tendencia profranquista.


    A Lluís M. Xirinacs le honra además haber presentado la siguiente enmienda al texto constitucional. Sin ningún éxito, claro:
    ”Los Jueces, al establecerse sentencia condenatoria, tratarán de investigar la responsabilidad de la sociedad que envuelve al inculpado y de determinar las correcciones correspondientes por vía adecuada.

    Motivación: Este artículo puede parecer futurista. Pero la posición de la sociedad ante el delincuente me recuerda la posición de las fuerzas vencedoras de la pasada guerra mundial, como de cualquier guerra, que con el juicio y condena del vencido dejaron tapadas y justificadas todas las barbaridades perpetradas por los vencedores. El odio del delincuente contra la sociedad, ante este tratamiento parcial e injusto, no hace así más que aumentar. Sólo con medidas como la propuesta se pueden atacar las causas profundas de la delincuencia”.

    ¿Qué nos parece hoy? ¿Hacia dónde está evolucionando la sociedad?


    -Post Scriptum:
    Por si pronto es llevada su historia a las grandes pantallas, él mismo Diego Redondo, el malo Dieguito, recurre a unos flash-back muy oportunos mientras vela dormido/despierto en una silla. Ante la tensión de los momentos cruciales que se avecinan, frena la acción y se recrea ante sus numerosos pasos por los reformatorios, los penales, los intentos de fuga, las palizas y represalias, las reyertas, los tiroteos, sus heridas de muerte y quirófanos…
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    23 Dic 2007 

    El ´malo Dieguito´ se fuga

     Juan Diego Redondo, que participó en una huida masiva de la Modelo en 1978, no vuelve a la cárcel de Brians N Ha vivido 30 de sus 45 años en centros penitenciarios

     

     

    Foto:DANNY CAMINAL
    El juicio y el personaje En la foto superior, Juan Diego Redondo en una imagen de TV. A la izquier
    Foto:DANNY CAMINAL

    Que un preso no vuelva a la cárcel tras un permiso suele ocurrir. No todos los días, pero pasa alguna vez. La atención se dispara cuando el fugitivo cuenta con un largo historial penitenciario, salpicado por alguna aparición en televisión, y ha escrito un libro en el que asegura que ya se ha fugado en 30 ocasiones anteriores. Eso ocurrió el pasado 14 de agosto, día en que Juan Diego Redondo Puertas no volvió a la prisión de Brians, en Sant Esteve Sesrovires, tras un permiso ordinario de tres días, "concedido --recordó ayer la Consejería de Justicia en un comunicado-- por el juez de vigilancia penitenciaria".

    Redondo Puertas, de 45 años, cumplía 10 años por varios delitos de robo y tenencia ilícita de armas. Hubiese cumplido tres cuartas partes de la condena en marzo del 2007 y habría alcanzado la libertad definitiva en noviembre del 2009. Pero su biografía penitenciaria se remonta muy atrás, como él mismo explicó cuando, en diciembre del 2004, le dejaron salir de la cárcel para presentar su libro La fuga de los 45 , editado por Maikalili.


    Un túnel a las alcantarillas

    Los 45 fueron los presos que lograron huir de la Modelo en 1978 a base de excavar un túnel hacia las alcantarillas. Decía Redondo Puertas que aquella "fue la fuga más masiva de la historia carcelaria europea". El salió por la alcantarilla que daba a la calle de Rosselló, abordó un coche y huyó. Más tarde fue detenido --recibió siete balazos-- en la playa de Castelldefels.

    Redondo había llegado a Barcelona, procedente de Pampaneira (Granada), a finales de los 60 con sus padres y siete hermanos. Su madre enviudó y no tuvo más remedio que internar a Juan Diego en el orfelinato Rivas. "De allí me fugué la primera vez", contaba Redondo. A los 15 años formó una banda de atracadores con el Torete , el Majara y el Buldog . El mismo se bautizó como el malo Dieguito .

    No tardó en acabar preso en los años en que el franquismo expiraba y en las prisiones se exigían cambios. Era la época de la Copel (Coordinadora de Presos en Lucha), de la que Redondo se autoproclama organizador. "Podía haber estado en alguna de las protestas, pero dudo que tuviese algún protagonismo. No daba el perfil ideológico y reivindicativo que defendía la Copel", explicó ayer un expreso que coincidió con el fugitivo en la cárcel.

    La vida de Redondo pudo haber dado un giro en 1988, cuando en un lapsus penitenciario se casó con Carmela y nacieron Eric y Lorena. Trabajó como carpintero. El sueño duró hasta 1992. "Me salió una causa pendiente y me condenaron a 12 años", contaba. Se derrumbó. Su esposa, según Redondo, se suicidó meses después de que volviese a prisión. Su hija tocó unos cables de alto voltaje y murió electrocutada con sólo 5 años.

    Con la desdicha llegó la desesperación: nuevos atracos a bancos, joyerías, gasolineras. Y más cárcel. Hasta el pasado 14 de agosto, cuando decidió no volver. Ahora está en busca y captura.


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    23 Dic 2007 

    El Malo Dieguito´ tomó cañas antes del atraco

    Exhibió la pistola y le cayó una bala del bolsillo en un bar cercano al súper.

     

     

    Juan Diego Redondo, alias El Malo Dieguito, el atracador que la noche del martes retuvo a nueve empleados del supermercado Caprabo que intentó asaltar, se tomó antes tres cañas en un bar próximo, en el que exhibió la pistola e incluso se le cayó una bala del bolsillo.

    Josep Lluís Santoll, propietario del bar Taita-1, sito en la calle Mestre Nicolau, cerca del supermercado de la calle Ganduxer que sufrió el intento de atraco, explicó que sobre las 20.30 horas del martes estuvo conversando con el atracador, que, sentado en la barra, "estuvo amable e hizo bromas sobre las mujeres".

    Santoll dijo que Dieguito consumió tres cañas de cerveza y no aparentaba ir demasiado bebido. El dueño del bar señaló que Sara, clienta habitual, vio cómo le cayó una bala del bolsillo al suelo. "Oiga que se le ha caído una bala", le dijo al oír el tintineo. "No, no, es una moneda", respondió el atracador mientras se apresuró a recogerla. "Pero enseguida sacó una pistola del cinto y la puso encima de la barra. Yo le dije que no hiciera tonterías y la guardara inmediatamente", explicó Santoll, quien creyó que "era un policía de paisano medio borracho". El atracador se metió la pistola en el cinturón, se bebió las cañas y se fue.


    DETENIDO AL HUIR CAMUFLADO Juan Diego Redondo, con un largo historial delictivo y que fue detenido cuando intentó huir camuflado entre los nueve empleados de Caprabo que retuvo durante más de una hora, encerró a seis de las empleadas en una oficina, encañonó en la cabeza al único rehén varón y buscó sin éxito las llaves de la caja fuerte, donde dijo que sabía que se guardaban 30.000 euros.

    En el periplo de búsqueda del encargado encañonando al empleado, los Mossos d´Esquadra, apostados ya en el exterior tras ser avisados del atraco, identificaron a el Malo Dieguito, el viejo conocido de la policía que no regresó en agosto a la cárcel tras un permiso penitenciario.



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    23 Dic 2007 

    A (RE)VEURE: realitat arrencada del cinema

    Dieguito el Malo




    Juan Diego Redondo, àlies “Dieguito el Malo” va assaltar dimecres de la setmana passada un supermercat Caprabo al Carrer Ganduxer de Barcelona. Aquesta fita no és la primera del currículum delictiu de Juan Diego Redondo. De fet, Dieguito el Malo hauria d’haver estat a la presó de Can Brians en el moment de cometre aquest delicte, però en va marxar el passat mes d’agost per un permís de dos dies, i no hi va tornar. Delinqüent conegut per tots els cossos policials, Juan Diego Redondo té 46 anys i compta amb un llarg historial delictiu en robatoris i tinença d’armes, i a més ha escrit un llibre autobiogràfic: La fuga de los 45. Per la seva última escomesa –el segrest del Caprabo- va comptar amb la complicitat d’un empleat del mateix supermercat que ens va tenir a tots enganyats fins que la policia el va descobrir.


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    Dieguito un Gran ejemplo de un peazo delincuente y su fuga de los 45.